El poder sanador de las mascotas

by perritos on 20/06/2011

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Imagenes de perros - fotos

El poder sanador de las mascotas

Además de ayudar a pacientes a mejorar su estado anímico, las Mascotas terapeutas protagonizarán una carrera este domingo.

Carla Natareno

Los pasillos y las habitaciones de los hospitales son fríos; en ocasiones los pacientes no tienen intimidad o sus historias se quedan perdidas al no encontrar eco entre el personal médico. Pero desde el 2000, un grupo de voluntarios liderados por Rosario Barrios lleva calidez a las salas de diferentes centros de salud.

Estos visitantes se hacen acompañar por mascotas como perros, gatos, conejos y hasta cuyos, que el próximo domingo 17 de octubre protagonizarán la Carrera Increíble 2010, en la Plaza Obelisco.

Cuando los voluntarios hacen su aparición en los pasillos de los hospitales junto a sus mascotas son bien recibidos, no sólo por los pacientes, sino también por el personal médico que se detiene para acariciar a los animales que portan un chaleco que los acredita como Mascotas terapeutas.

Pero no siempre fue sencillo. Rosario Barrios, lideresa del movimiento Mascotas Terapeutas, cuenta que cuando comenzó este proyecto los médicos se mostraron renuentes y rechazaron esta terapia alternativa. Pero con la ayuda de la doctora Susana Molina, de Nutrición pediátrica del hospital San Juan de Dios, se presentaron casos del mejoramiento anímico de los pacientes.

Es así como este movimiento de voluntariado ha tomado auge entre pacientes de diferentes establecimientos de salud y ahora visitan a niños enfermos o con alguna discapacidad, así como los que han sido víctimas de abusos sexuales y pacientes terminales.

Una terapia que mejora el ánimo

Durante un recorrido por la pediatría del Hospital San Juan de Dios, los perros Rigo (un golden retriever), Chispa (cocker spaniel) y la gata Shika visitaron a niños que tenían diferentes padecimientos, como un par de piernas rotas por jugar al futbol, ataques severos de asma, picaduras de serpientes o hasta hemofilia.

A los niños que estaban en cama se colocó un paño para que la mascota se recura en él y así evitar el contagio en ambas vías.

Algunos pequeños abandonaron las camas para pasear por los pasillos a los animales. Los niños sonreían, al igual que sus padres, mientras que los voluntarios, quienes reciben un previo entrenamiento para colaborar en el programa, asistían sin descuidar a los pacientes y a las mascotas.

Rosario Barrios cuenta que el tiempo máximo para que un perro realice estas visitas es de aproximadamente dos horas, el cual no es suficiente para cubrir a todos los dolientes, pero no se debe abusar de las mascotas ya que éstas absorben la energía negativa del enfermo. Para que los animales puedan descansar y dejar el estrés se les debe premiar por su buen trabajo, cepillarlos y dejarlos dormir.

La doctora Molina asegura que el estado anímico de los enfermos que reciben a estas mascotas mejora considerablemente, lo que contribuye a una pronta recuperación.


Historias agridulces

Rosario, junto a los integrantes del voluntariado con sus respectivas mascotas, ha sido parte del mejoramiento de muchas personas. Y en su experiencia atesora historias conmovedoras, como el caso de Glendi, “una niña que tenía un tumor en la garganta”. Cuando la pequeña recibió  la visita de una mascota, “el animal se asustó al escuchar una de las bombas que lanzaron por una festividad religiosa y se escondió debajo de la cama. Glendi se refugió junto al animal y le dijo: No te preocupés, yo también tengo, nos podemos operar juntos”, relata Rosario, quien recuerda que Glendi creyó que la mascota también tenía un tumor.

Otra historia es la de Milton, un niño que bebió cloro por orden de su mamá como un castigo. “Él contaba con un carisma muy especial y era el corazón del voluntariado. De hecho, muchos integrantes se lo llevaban al cine o lo invitaban a comer en su casa. Glendi y Milton eran muy unidos. Milton murió primero y tres días después, Glendi”, cuenta Rosario, y  confiesa que esa es la parte más dura de este trabajo, puesto que el vínculo con las personas no se puede pasar por alto. Pero esta joven dice que la gran satisfacción es que los integrantes de Masotas terapeutas ayudaron a que los últimos días de vida de estos niños fueran mejores.

Pero no todas las historias son tristes; algunas de ellas tienen finales felices, como el caso de Diego, un niño que perdió ambas piernas por una trombosis. “Él estaba renuente y traumado por la amputación que sufrió. Ni quería utilizar la silla de ruedas”, cuenta Rosario, y agrega que llevó a Motita, una perra que también utiliza silla de ruedas. El chico al ver a Motita se sintió muy motivado. “Él se quedó impresionado ante la posibilidad de que pudiera existir un perro así”, cuenta la voluntaria.

Diego tuvo una recuperación satisfactoria. Actualmente es un estudiante y lleva una vida normal.

 

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